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Anuncio de Airbnb de salir a bolsa podría ser un indicador de recuperación del sector turismo

De acuerdo con el Wall Street Journal, la compañía de alquileres vacacionales entre particulares saldría a bolsa a finales de este año. Es una gran noticia, ya que Airbnb fue posiblemente la IPO (Oferta Pública Inicial por sus siglas en inglés) tecnológica más esperada de 2020. Pero luego apareció la pandemia a mediados de marzo, lo que provocó un vuelco en la economía, especialmente golpeando la industria de viajes. Airbnb se vio muy afectado, incluso teniendo que despedir a 1.900 trabajadores, lo que generó dudas sobre si la compañía seguiría adelante con una IPO después de todo.

La compañía estadounidense había anunciado en septiembre del año pasado su intención de hacer su debut bursátil durante 2020. En abril, el presidente ejecutivo de la compañía, Brian Chesky, aseguró en una entrevista que la empresa estaba trabajando para presentar la documentación en marzo, pero que el impacto de la pandemia del coronavirus en el turismo mundial anuló esos planes.

De acuerdo con el WSJ la plataforma fue valorada en unos USD 18.000 millones, muy por debajo de una estimación previa que calculaba el valor de la compañía en unos USD 31.000 millones.

No obstante, en los últimos dos meses la compañía ha logrado recuperarse relativamente rápido. A finales de mayo, el número de reservas de alquileres vacacionales, el mercado principal de Airbnb, se incrementó en un 127% desde su punto más bajo, a principios de abril. Incluso a pesar de que la gente decidía no viajar, seguían reservando casas cercanas a su residencia habitual a través de este portal, llegando al pico de un millón de noches facturadas el ocho de julio en todo el mundo.

De otro lado, no está claro qué método utilizará Airbnb para cotizar en bolsa. Antes de la pandemia, la compañía estaba considerando salir con una cotización directa, un método menos costoso pero que no permite que la compañía recaude dinero. En cambio, es posible que Airbnb utilice la ruta de salida a bolsa tradicional, lo que le permitirá recaudar capital vendiendo acciones al público.

Ahora algunos expertos observan de cerca sus próximos movimientos. Sus cuentas aseguran que fue rentable en 2017 y en 2018, pero que en 2019 perdió USD 674 millones respecto a los ingresos estimados de USD 4.800 millones, según los analistas, y 2020 no pinta tampoco bien después de meses de parón, pero según Chesky las reservas han regresado y no parece tener miedo.

A pesar del temor al contagio, el CEO de Airbnb cree que el impulso hacia alojarse en “hogares” sigue vigente y confía en los nuevos protocolos de limpieza que han establecido para calmar el miedo de los huéspedes y también en que los propietarios verán con más preocupación la crisis económica que aceptar invitados en sus casas.

También cree que los cambios en la forma de trabajar favorecerán a la plataforma: “Se verá a grupos menos atados a una ciudad y que querrán vivir alrededor del mundo y les ofreceremos la posibilidad de estancias más prolongadas”, reflexionó el directivo sobre el teletrabajo.

Un CEO sorteando la crisis

En una conferencia de prensa organizada por Reuters en julio pasado, Brian Chesky, CEO de Airbnb, habló sobre el gran impacto que ha tenido la crisis causada por el coronavirus sobre su compañía.

A mediados de marzo, todo empezó a caer en picada y el día que la OMS declaró la pandemia la compañía perdió USD 1.000 millones en cancelaciones, y sus reservas cayeron en un 80%. «Creía que crear la empresa iba a ser lo más complicado, pero estos 4 meses han sido incluso peores, la sensación es como cargarse los frenos del coche cuando vas a gran velocidad», dijo el directivo en la conferencia.

El ejecutivo, uno de los multimillonarios más jóvenes del mundo cuya fortuna se calculaba en USD 4.200 millones antes del Covid-19, lamentó así el derrumbe de su imperio de alojamientos «compartidos» y las malas perspectivas del negocio del turismo, que a sus ojos ha cambiado para siempre.

Según explicó el empresario de 39 años, la rapidez de los acontecimientos hizo que tuvieran que tomar muchas decisiones vitales en muy poco tiempo.

Lo que Chesky aprendió, según comentó, es que había que tomar decisiones basadas en principios y no en negocios, para ser recordado en el futuro por haber hecho las cosas bien. «Lo primero en una crisis es tener muy claro qué resultado quieres y cuáles son tus principios. Necesitábamos preservar el dinero, la reputación de la compañía, cuidar de nuestros anfitriones y huéspedes, y también cuidar de nuestros empleados», señaló.

Pese a ello, es consciente de que no todas las decisiones podían contentar a todo el mundo, pero que lo importante es que, al final, las suma de ellas tuvieran un impacto positivo. Así ocurrió cuando destinó USD 250 millones a compensar a los propietarios que se habían sentido ofendidos y olvidados después de que la plataforma decidiese facilitar las cancelaciones y devolver el dinero a los huéspedes.

Además, la compañía puso en marcha un fondo de ayuda de USD 10 millones para sus superanfitriones y anfitriones de experiencias (uno de los servicios que ofrece Airbnb), al que contribuyeron tanto los empleados como los cofundadores.

Sin embargo, lo más difícil para él fue tener que despedir al 25% de su plantilla, un total de 1.900 trabajadores. En su carta de despido, el empresario recordaba a los exempleados que el negocio de Airbnb se había visto «muy afectado» durante los primeros compases del 2020 y les ofreció ayudas para buscar un nuevo empleo.

La incertidumbre también le ha llevado a reenfocarse en el negocio principal de Airbnb: volver a las raíces y dejar de diversificarse en hoteles, viajes de lujo y transporte. Según el ejecutivo, la compañía había perdido el rumbo y ahora trata de volver al proyecto inicial: conectar a las personas.

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